viernes, 22 de junio de 2012

Canon, Vimeo, la abuela del productor y el nudo gordiano



     El pasado mes de octubre formé parte del jurado de la sección de cortometrajes del festival de cine de Albacete. Durante las deliberaciones Gabriela Martí, directora de cine y directora del Festival Rizoma, criticó un cortometraje por ser un ejemplo más de “la estética Canon”, dijo. No le gustaba la limpieza de imagen de las cámaras digitales de alta definición, su juego de enfoques. Era algo personal, admitió.
     No hubo mucho debate porque el cortometraje, la verdad, es que era bastante malo. No diré nombres.
     Desde entonces, me he fijado y he detectado esa estética. Es verdad. Existe. ¿Quién le diría a los ingenieros de la firma japonesa que iban a suponer una corriente visual en el cine? La mayoría de las producciones independientes se ruedan con estas cámaras. Series de televisión. La revolución estética a través de la ingeniería y la informática. Homo habilis. Homo faber.
     Estoy montando mi primer largometraje. Trabajo con Rubén Soler Ferrer, del colectivo Cápsulas Musicales. He acudido a él a través de mi amigo Manolo Tarancón, alguien de quien siempre pienso que debería verle más a menudo. Manolo Tarancón y él han trabajado juntos mucho. Me gusta el documental ‘La inercia de la costumbre’ de Rubén. Es un trabajo promocional sobre Manolo que acaba convirtiéndose en un relato de nuestro tiempo, de la escena musical española, usando la Comunidad Valenciana como metáfora.


     Rubén trabaja con cámaras digitales. Edita él mismo sus trabajos con un Mac como el que yo he soñado tener alguna vez. Emplea una Canon que es su arma. Las cámaras digitales y los programas de la gente de Steve Jobs le permiten ser libre. No depender de nadie. Tu límite es el dinero del que dispongas. Y si no tienes dinero, hay algo bueno en ser pobre: La crisis no te puede arruinar, ya estás arruinado. Si no tienes casa, no te la pueden quitar. Si no tienes posesiones, no las puedes perder.
     Hablamos de la estética Canon, del preciosismo tramposo de algunas producciones, de los desenfoques…
     —En Cápsulas musicales les llamamos ‘vídeos de Vimeo’ –me dice Rubén.
     Vimeo como canal público. Vimeo con un canal temático de cine independiente. Internet como medio de comunicación. No esperéis al futuro; él vendrá solo.
     Es curioso lo de las cámaras digitales. Baratas, rápidas, fáciles de editar, son muy atractivas para el usuario avanzado o profesional.
     Pero no todo son ventajas. El uso de esas cámaras condiciona, y mucho, los rodajes. Tienen unas peculiaridades que impiden, por ejemplo, los barridos. Así me lo comenta Hwidar. Él, junto a Adán Aliaga y Carla Subirana las han empleado en la película ‘Kanimambo’ que han rodado en África.


     En el caso de Rubén, que rueda documentales, su versatilidad las convierten en aún más atractivas. Te manejas bien. No necesitas mucha preproducción. Recuerdo que Danny Boyle las empleó para ’28 días después’, en las escenas de Londres vacío. Elogiaba esa velocidad de rodaje. Y cuanto más rápido sea la filmación, más barata la producción.
     Es cierto que si no eres muy hábil como cámara, mi caso, algunas grabaciones serán una castaña. Pero lo cierto es que te quita la dependencia de tener un equipo, un presupuesto y un productor. No digamos ya una subvención. No hay presiones.
     El dinero es asustadizo y en tiempos de crisis se vuelve aún más cobarde. Muchas productoras buscan oráculo. El pensamiento encuesta, la glorificación de la idea de masa sobre la de medio, les da supuestas certezas. Se construyen películas sobre conceptos tan vagos como “lo que la gente quiere...”, “lo que la gente piensa...”, como si la gente fuera una docena de tipos que se sientan en el parque de la Avenida Gregorio Gea de Mislata y uno pudiera ir a consultarles.
     En una ocasión un productor valenciano le dijo a un cineasta también valenciano: “Tienes que cambiar el argumento; mi abuela no lo entendería”. Según las últimas informaciones de las que dispongo, la abuela estaba muerta. No diré nombres.
     Ahora nadie se arriesga. Nunca se han arriesgado pero ahora menos. Y en ese contexto, con las ayudas en el limbo, con las cadenas públicas sometidas al terror de las valquirias, hay pocas salidas. Las cámaras digitales abaratan las producciones, son una puerta. Habría que escribir para ellas. Pensando en ellas. Como si fueran actrices, cantantes, divas que pueden levantar una película. La herramienta se convierte así en un censor para el guionista. Un censor amable. Miras a la cámara y ella te dice:
     —Ya sabes, nada de barridos.
     Estar con ellas te ahorra la mitad de la película. Estar con ellas permite que existan producciones que en otro tiempo ni se habrían planteado existir.
     Pero después queda el escollo de siempre: la distribución, la promoción, las ventas.
     Y es entonces cuando me doy cuenta de que el nudo gordiano sigue intacto. 

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