viernes, 11 de noviembre de 2011

Berlanguiano es real





   Este domingo 13 de noviembre se cumple un año de la muerte de Luis García Berlanga. Del maestro español de la comedia. Del genio irónico y divertido. Del amargo fetichista. Con motivo de la presentación de la retrospectiva integral que estamos realizando en la Filmoteca de Valencia, estuve hablando con su hijo José Luis poco antes de la rueda de prensa. Me comentó que seguía intentando que la Real Academia Española aceptará 'berlanguiano' como una palabra del diccionario. Pero uno de los problemas con los que se encontraba era que cada persona tenía una acepción diferente para el término. Yo le propuse la mía. "Berlanguiano es aquel hecho risible que es tan real que resulta inverosímil". José Luis se rió y me dijo que era buena. Que le gustaba.
   En muchas ocasiones cuando se habla del humor de Berlanga se usa con demasiada ligereza la referencia al absurdo. Y Berlanga no es absurdo. Su mirada no es torcida. Su mirada es franca, honesta, directa, un punto pícara, un punto divertida, pero no esquinada. Él no retuerce la realidad sino que se enfrenta a ella y de ese encontronazo surge la risa. Mirad los periódicos. ¿Puede existir algo más ridículo que un ministro de Fomento quedando en una gasolinera con un empresario gallego, que hace de autoestopista, y llevándose el dinero en un sobre? Diréis: "Es berlanguiano". Y yo os digo: "Efectivamente; es real". Por eso, ante una historia rocambolesca, suelo creerme la versión más disparatada, porque, así lo siento, creo que la personalidad de los españoles (por Historia, por clima, por tradiciones, por lo que sea) está más cerca de Berlanga que de Cervantes.


   Ha pasado un año de su muerte. Cuando lo conocí, a mediados de los noventa, me iniciaba yo como periodista y él estaba preparando su serie sobre Blasco Ibáñez que rodó para TVE. Era verano y acaba de visitar la Casa Museo Blasco Ibáñez en la Malvarrosa. Me dijo una cosa que me hizo mucha gracia. "Han hecho la restauración tan bien que no sirve para nada". Después estuvimos hablando del reparto. Él quería un actor consolidado. Un actor de presencia. Se había hablado de Antonio Banderas. Al final tuvo que aceptar a Ramón Langa, una de las mejores voces del doblaje español y que entonces estaba intentando iniciar una carrera como actor que finalmente no ha acabado de despegar. Muchos de mis amigos lo conocimos por aquel entonces, o un poco antes, rodando 'Todos a la cárcel'. Rafa Maluenda, aquí arriba, junto a Berlanga creo que en el rodaje de 'Blasco Ibáñez', entabló entonces amistad con él y fueron buenos amigos. También tuvo amigos tardíos, como mi ex compañero de 'Las Provincias' Vicente Lladró, con quien conectó de maravilla.
   Berlanga era un pozo sin fondo. Sus películas también. Yo las divido en dos: Las que tienen algo, y las que directamente son obras maestras. En todas siempre puedes encontrar un 'gag', una situación, un momento. Da igual lo fallida que sea, lo mal que esté tal o cual actor, lo mal que haya envejecido; en Berlanga siempre hay algo.
   Con todo, no quiero centrarme en su obra, en su vasta filmografía que cualquier cinéfilo de pro conoce y que si no debe subsanar esa ignorancia lo antes posible. Para abrir boca, aquí os dejo un excelente reportaje del programa de TVE 'Días de cine'.





   No quiero hablar de su obra, decía porque hoy, a dos días del primer aniversario de su muerte, me interesa hablar de su cortometraje 'El circo' (1950), una joya, un pequeño documento de 20 minutos en el que, con precisión y generosidad Berlanga se aproxima a los miembros de una 'troupe' de El Circo Americano, a la que filmó durante su estadía en el paupérrimo y hambriento Madrid de la posguerra.
   El cortometraje fue una práctica del curso 1949-50 en el Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas y según aseguró su hijo José Luis durante la presentación de la retrospectiva, nadie en la familia lo había visto. De esta película, la única conservada de la actividad de Berlanga como alumno de dirección de la escuela oficial de Cine, sólo se ha recuperado el negativo de cámara, incompleto. Este negativo se encontraba en los archivos del I.I.E.C. que pasaron a manos de Filmoteca Española. El montaje fue realizado en la Filmoteca Española y supervisado y aprobado por Luis García Berlanga en 1988.
   'El circo', que tiene una duración de 20 minutos, muestra la llegada del Circo Americano a Madrid desde que comienza la instalación del mismo. Y arranca con un plano simbólico: Una joven, tendiendo ropa, se da la vuelta y mira a la plaza. Recuerdo que cuando vi por primera vez el cortometraje, al encontrarme en el terrado, pensé que cuando la cámara hiciera el barrido me encontraría a Concha Velasco y Amparo Soler Leal lavando a Michel Piccoli en 'París-Tombuctú'.


   En él se pueden ver desde la instalación de la gran carpa del circo, durante la cual se ve al fondo a un cojo que recuerda al de ‘Bienvenido, Míster Marshall’ (1952), hasta el desfile de la troupé por las calles de la ciudad, junto a la fuente de la Cibeles, y la actuación del circo. En el fondo, en él subyace toda la mala leche y la ternura que marcaron su obra, y ese amable olor a cocido que impregna casi todos sus fotogramas.
   Entre las curiosidades del mismo destaca que durante dos segundos se puede ver la primera imagen de Luis García Berlanga como cineasta, la que abre este post.
   Precisamente, como conmemoración del primer aniversario del fallecimiento de Berlanga se estaba preparando un acto en los estudios Ciudad de la Luz (Alicante), que fueron impulsados por el cineasta, en el que se proyectarán 'El circo' y su último trabajo, 'El sueño de la maestra', otro cortometraje.




   A la espera de ese momento, yo seguiré repasando el dvd de 'El circo', mudo pero con una música interna deliciosa, disfrutando con los hallazgos de una obra que, por pequeña y primeriza que sea, no puede ser considerada menor. Muchas de las cosas que más me gustan de Berlanga están en él. Empezando por ese realismo que es tan exagerado que a veces parece irreal. Y sobre todo su ternura. esa infinita compasión por el triste destino de los seres humanos.
   Gracias maestro, siempre. La explicación es innecesaria.


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